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VERSIóN IMPRIMIBLEimprimir / 3471 lecturas / Julio 2007

LA RELAJACIÓN FAVORECE EL DESCANSO PROFUNDO

En los servicios de prevención sabemos fuera de toda duda que el cansancio disminuye la atención, y la falta de atención genera accidentes, si cuidar las condiciones externas para el trabajo es esencial para los servicios de prevención, aún lo es más cuidar que las condiciones internas sean las adecuadas, y sin un descanso profundo nuestro cuerpo va ciertamente desprotegido al puesto de trabajo.

Vemos pues que el estrés al mismo tiempo que reduce nuestro nivel energético, impide la recuperación, ya que nuestro sistema metabólico no descansa ni en el momento reservado para ello, los músculos  contracturados siguen perdiendo energía por la noche cuando deberían descansar, y no es extraño que muchas personas se levanten ya por las mañanas agotadas teniendo que enfrentarse aún así a un duro día de trabajo.

El entrenamiento en relajación produce desde los primeros intentos una sensación intensa de descanso, favoreciendo el sueño y facilitando la recuperación orgánica general, tiene además la ventaja, con respecto a otras medidas (químicas por ejemplo) , de que una vez aprendida la o las técnicas adecuadas no son precisos más recursos externos.

Con el entrenamiento de relajación a prendemos a modificar la respuesta orgánica de nuestro cuerpo respecto a las solicitudes externas que sobre el se realizan, aprendemos a responder fisiológicamente con calma en lugar de estrés.
Reaccionar frente a los estímulos que significan un peligro es algo normal y necesario, nuestro cuerpo reacciona frente al peligro incrementando la activación del funcionamiento del Sistema nervioso simpático, que nos prepara para luchar o huir frente a una agresión externa.

La respuesta de alarma es un mecanismo de adaptación, la evolución nos ha dotado de un medio de respuesta automático frente a las modificaciones externas que nos puedan suponer un riesgo, gracias a su buen funcionamiento estamos hoy aquí, en el pasado ha demostrado su validez.

Hoy en día el tipo de agresión es mucho más complejo que en el pasado. Frente a un animal que nos agrede aparece una respuesta ante la que estamos preparados evolutivamente: luchar o huir, en nuestra vida cotidiana aparecen innumerables ocasiones en las que se produce un estado de alarma y no podemos hacer ni una cosa ni otra, sin embargo las substancias que nos preparaban para luchar o huir ya se han vertido a la sangre, la adrenalina y noradrelanina ya están acelerando la frecuencia cardiaca, tensando nuestros músculos, aumentando nuestra respiración, vertiendo energía (en forma de lípidos) a la sangre, y vertiendo factores de coagulación (vienen bien si te haces una herida al luchar o huir). Y todo esto sucede siempre que por un motivo u otro se produce una reacción de alarma. Si tenemos en cuenta que a cuantas más reacciones de alarma se somete el cuerpo este tiende a responder cada vez más ante un estímulo menor podremos comprender el nivel de esfuerzo a que se somete un cuerpo que ha aprendido a reaccionar de forma inadecuada al estrés. Ya se reacciona de forma desmesurada ante cualquier estímulo, por pequeño que sea.

En condiciones normales cuando la agresión o amenaza finalizan disminuye la respuesta de estrés y todo el sistema recupera el equilibrio.

prevencionweb.com